Un recuerdo lugubre.
Casa principal de los Tiranos del Hielo, 1:30 am
¿Señora Vanessa, puedo pasar?_dijo el ama de llaves Renata.
El sonido de una pistola de mano siendo armada y desarmada de manera frenética le indico que podía pasar pero con cuidado, la cicatriz en su brazo le recordaba que pasaría si entraba en un mal momento, suspiro una ultima vez y tomando con decisión la charola con el humeante chocolate de la señora entro, aunque sabia que pasaría no la tranquilizaba; una recién lustrada águila del desierto le apuntaba al corazón sin apenas moverse pese a que los ojos de quien la empuñaba estaban cerrados casi en meditación.
-¿Como me conociste Rena?
-No me llamas así, te traje tu chocolate
-De acuerdo, déjalo en la cómoda, lo tomare luego...
-Tienes que tomártelo ahora, ya casi son las 2 de la mañana,
-¿A que hora amanecerá? _dijo dejando de lado la pistola
-A las 10:03_Vanessa tomo el chocolate de un sorbo y el calor le reconforto y le hizo sonreír luego miro una vieja foto.
-Solo 6 comenzamos los tiranos de la nieve; Anna, Bernardo, José, Isaac, Adriana y yo, solo quedamos de los fundadores 3 pero en el recuerdo de nuestros héroes caídos ganaremos en esta competencia y regresaremos a México como señores.
Renata solo asintió sin saber que decir, ante la falta de emoción, Vanessa le dijo
-Mañana al amanecer quiero a todos los efectivos en el patio de ordenes, haremos ejercicios, ya es tiempo de que dejen de rascarse las pulgas, retirate.
Renata hizo una reverencia a su señora, y salio tan silenciosa como había entrado, Vanessa abrió la puerta de su cámara privada luego de pasar sobre los sistemas de seguridad, en su cama reposaba una última foto, era su única traición a la casa, y al mirar el techo, una proyección de un cielo estrellado.
Dormito con un descanso sin sueños, solo sombras de tiempos pasados, un recuerdo luminoso se abrió paso en su entrenada mente, las luces la cegaron y este sueño fue mas elocuente que mil noches de profecías.
A la mañana siguiente le pareció que el tiempo se había congelado, nada había cambiado, pero una nota de sándalo flotaba en el aire, Vanessa temía que el aroma favorito de su hermano fuera el lúgubre heraldo de su destrucción, apretó el botón de su cinturón y casi de inmediato entro José con la mitad de su gente apuntando a todos lados esperando una emboscada.
Pero lo único que vieron fue a Vanessa rastreando el olor, José también sintió el discorde aroma, puso a todo su equipo a buscar por la habitación ese olor a sándalo, al final lo encontraron, un viejo abanico, que pese al polvo que se acumulaba por encima no había dejado de dar su olor desinteresado a su inmisericorde propietaria.



